Del 1 al 12 de junio de 2026, más de 5.400 delegados de gobiernos, empleadores y trabajadores de 187 países se reúnen en la 114° Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) de la Organización Internacional del Trabajo. La AGC participa articulando con la delegación argentina de la CGT, llevando al escenario global la perspectiva del sindicato informático sobre los temas que más directamente afectan al sector.
¿Qué es la Conferencia de la OIT y por qué importa?
La Conferencia Internacional del Trabajo es el principal órgano decisorio de la OIT, el organismo especializado de las Naciones Unidas que establece las normas internacionales del trabajo. Este año, los trabajadores informáticos argentinos están presentes a través de su Secretario General, Ezequiel Tosco, y su Secretario de la Actividad, Juan Manuel Padilla, articulando con la delegación de la CGT.
Lo que allí se debate no son declaraciones de intenciones: los acuerdos que se alcanzan en esta instancia pueden traducirse en legislación laboral concreta en decenas de países, incluyendo Argentina. Los convenios y recomendaciones que adopta la OIT marcan el piso mínimo de derechos que los Estados miembros se comprometen a respetar y, en muchos casos, incorporar a su ordenamiento jurídico interno.
Dicho de otra manera: lo que se discute esta semana puede afectar directamente las condiciones de trabajo de cualquier trabajador argentino en los próximos años.




Qué se debate este año
La agenda de la 114° CIT tiene tres ejes centrales que, para los trabajadores informáticos, resultan especialmente relevantes.
El primero y más importante es el trabajo decente en la economía de plataformas. Esta es la segunda discusión normativa sobre el tema en la historia de la OIT, lo que marca un salto cualitativo: ya no se debate si hay que regular las plataformas digitales, sino cómo regularlas. Cuatro pilares concretos están sobre la mesa: transparencia algorítmica en procesos de contratación y evaluación, límites en el uso de datos de los trabajadores, rendición de cuentas sobre decisiones automatizadas y participación de los trabajadores en decisiones tecnológicas que los afectan directamente.
El segundo eje es el programa transformador para lograr igualdad de género en el trabajo, que incluye el impacto diferencial de la automatización sobre el empleo femenino.
El tercero es el diálogo social y el tripartismo, es decir, el modelo en que gobiernos, empleadores y sindicatos negocian colectivamente las condiciones del trabajo. Un modelo que el gobierno argentino viene erosionando sistemáticamente.
El rol de la CGT: un argentino al frente
Un dato inédito marca esta edición: Gerardo Martínez, Secretario de Relaciones Internacionales de la CGT y titular de la UOCRA, fue designado vicepresidente de la Conferencia en representación del sector trabajador. Es la primera vez en 25 años que un argentino ocupa ese cargo, elegido por las organizaciones sindicales de los 187 estados miembros.
La delegación sindical argentina es amplia y activa. Junto a Martínez participan, entre otros, Jorge Sola y Cristian Jerónimo (co-secretarios generales de la CGT), Andrés Rodríguez, Maia Volcovinsky, Julio Piumato, Hernán Doval, José Minaberrigaray y Juan Pablo Brey, además de representantes de las dos CTA.


En contraste, el gobierno de Javier Milei no envió representantes de rango ministerial a la Conferencia —algo que no ocurría en 25 años. El Estado argentino estuvo representado únicamente por el embajador Carlos Foradori, representante permanente ante los organismos internacionales con sede en Ginebra.
Las intervenciones que marcaron la semana
Dos exposiciones de la delegación sindical argentina concentraron la atención internacional durante la primera semana.
La primera fue la de Jorge Sola ante la Comisión de Aplicación de Normas, el órgano que examina el cumplimiento de los convenios internacionales por parte de los Estados miembros. Sola expuso la denuncia conjunta de la CGT y las CTA contra el gobierno argentino, denunciando lo que definió como el "desmantelamiento sistemático" de la administración oficial de las relaciones laborales, contrario a los convenios internacionales a los que adhirió la Argentina.
Entre los puntos centrales de su presentación: la degradación del Ministerio de Trabajo, la reforma laboral aprobada durante la actual gestión, las restricciones al derecho de huelga y la Resolución 943/2023 que —según planteó— transforma los conflictos laborales en cuestiones de política criminal. También señaló que entre diciembre de 2023 y febrero de 2026 la Administración Pública Nacional sufrió una reducción del 29% de su planta de trabajadores, con los mayores recortes concentrados precisamente en áreas vinculadas a la protección de derechos y al desarrollo productivo. La intervención fue recibida con una prolongada ovación del plenario internacional. InfobaePerfil
La segunda fue la de Gerardo Martínez en la sesión plenaria, donde formuló un duro cuestionamiento a la gestión de Milei y reclamó la construcción de un diálogo social sostenible. Martínez rechazó explícitamente cualquier intento de limitar las discusiones salariales —"no al cepo salarial"— y calificó a la reforma laboral como "pro patronal". También alertó sobre los riesgos de la expansión de la Inteligencia Artificial sin mecanismos de protección, advirtiendo que sin regulación el mundo avanzaría hacia una "justicia social artificial". Su discurso también fue cerrado con ovación.
Por qué todo esto importa para los trabajadores informáticos
Para la AGC, la agenda de la 114° Conferencia no es abstracta. El debate sobre la regulación del trabajo en plataformas, la transparencia algorítmica y la rendición de cuentas sobre decisiones automatizadas son exactamente las discusiones que el sindicato viene planteando en Argentina a través del Convenio Colectivo 1696/23 y del LITAT. Cuando la OIT avance hacia un instrumento normativo sobre plataformas —y todo indica que lo hará en los próximos años— ese marco internacional será el piso sobre el que se negociará en cada país.
Al mismo tiempo, la denuncia al gobierno argentino por el desmantelamiento de los derechos laborales y el cepo salarial tiene consecuencias concretas: las recomendaciones que emita la Comisión de Aplicación de Normas generan presión internacional sobre los Estados y pueden derivar en misiones de asistencia técnica, observaciones formales y compromisos verificables de cumplimiento.
Estar presentes en este escenario no es un gesto simbólico. Es parte del trabajo de construir las reglas que van a ordenar el futuro del trabajo informático en Argentina y en el mundo.
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