En una extensa entrevista en el programa Fuera de Tiempo (Radio Con Vos 89.9), la Dra. Milagros Miceli —socióloga, ingeniera en informática, integrante del Consejo Asesor del LITAT (el laboratorio de la AGC) y una de las 100 personas más influyentes en inteligencia artificial según la revista Time— analizó el entramado oculto detrás de la industria tecnológica, la precarización laboral que sostiene a las grandes plataformas, y destacó el rol pionero de la Asociación Gremial de Computación en la organización del sector.

La "fantasía" de la IA y el trabajo invisible de millones

Frente al bombardeo constante de anuncios de inversiones multimillonarias y promesas de autonomía tecnológica, Miceli fue directa:

"Hay mucho humo y promesa a futuro en este mundo. Se habla de una inteligencia artificial totalmente autónoma, pero se oculta a la enorme masa de trabajadores que la hacen posible."

Según datos citados por la investigadora, entre 400 y 430 millones de personas en el mundo trabajan etiquetando datos, moderando contenidos y entrenando algoritmos en condiciones de extrema precariedad.

"Es el 2% de la población mundial trabajando en las sombras para sostener la apariencia de que la máquina hace todo sola", remarcó.

Miceli también identificó tres mecanismos concretos con los que el sector tecnológico sostiene ese modelo: una burbuja financiera donde las grandes empresas gastan más de lo que generan impulsadas por expectativas irreales; la tercerización de tareas esenciales de curaduría de datos en países en desarrollo, bajo hipervigilancia y sin derechos laborales básicos; y el uso sistemático de la amenaza del "reemplazo por IA" para disciplinar a los trabajadores, forzarlos a aceptar salarios más bajos y hacerlos participar activamente en la automatización de sus propias tareas.

"Que los informáticos nos organicemos ya es algo revolucionario"

Durante la entrevista se abordó la necesidad de construir representación colectiva frente a las arbitrariedades de las multinacionales y las cámaras empresarias. En ese punto, Miceli fue contundente sobre la AGC:

"Que la gente de la informática se organice en un sindicato ya es algo revolucionario. En el mundo, a los informáticos se los suele ver como una élite aislada; no existen muchos casos como el de la AGC."

La investigadora valoró especialmente que el sindicato haya tenido la visión de entender que la actividad informática no abarca solo a quienes programan, sino también a todos los trabajadores precarizados que forman parte de la cadena de valor de los datos y la tecnología. Y anticipó que está trabajando junto a la AGC en proyectos para potenciar la participación de las mujeres en el sector técnico y para discutir la soberanía tecnológica nacional desde la perspectiva de los trabajadores.

Soberanía tecnológica y el error de ignorar al gremio

Miceli cuestionó la tendencia de la dirigencia política y económica a dialogar únicamente con las cámaras patronales:

"Discutir el futuro del trabajo solo con los empresarios es de una ignorancia supina. La AGC combina el conocimiento técnico específico de la informática con la formación en el movimiento obrero."

También planteó que la verdadera soberanía tecnológica no se reduce al desarrollo local de software, sino que exige infraestructura propia, marcos regulatorios de protección de datos y herramientas legislativas que defiendan el patrimonio nacional. Y denunció algo que en la AGC venimos documentando hace tiempo: empresas que anuncian despidos argumentando automatización por IA para luego recontratar personal a escondidas o desplazar la producción a centros de trabajo remoto no regulados.

La respuesta es colectiva

Como conclusión de la entrevista se subrayó algo que resume buena parte del trabajo que la AGC viene haciendo: frente al disciplinamiento y el aislamiento que proponen las nuevas tecnologías, la respuesta tiene que ser colectiva. La organización sindical no solo permite defender condiciones salariales y laborales — también permite disputar el sentido del desarrollo tecnológico para que esté al servicio de la sociedad y no de la especulación financiera.

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