En el debate actual sobre la reforma laboral en Argentina, la palabra "modernización" se utiliza como un eslogan, pero los datos cuentan una historia diferente. Mientras nuestros socios comerciales y países desarrollados avanzan hacia la protección de la salud mental y el equilibrio vida-trabajo, la propuesta local nos empuja hacia estándares de principios del siglo pasado.
La reforma laboral aprobada por el Senado introduce cambios sustanciales en derechos que habían sido conquistados por décadas de lucha sindical. Para entender el alcance de estas modificaciones, es necesario compararlas con los estándares laborales de los países que suelen presentarse como modelos de desarrollo y progreso.
El análisis de cómo funcionan las protecciones laborales en España, Francia, Italia, Alemania y Suecia revela un patrón claro: los países más desarrollados no debilitan los derechos de los trabajadores, sino que los fortalecen. La reforma argentina avanza en dirección contraria, acercándonos a modelos de menor protección laboral que históricamente han estado asociados con mayor precariedad y desigualdad.
Explorador de Regresividad: Comparativa Internacional
Países desarrollados, más protección laboral
Existe una correlación directa entre desarrollo económico y protección de derechos laborales. Los países con mayor nivel de vida, mejor infraestructura y sistemas educativos más sólidos son también aquellos que garantizan vacaciones más extensas, licencias por enfermedad mejor remuneradas, indemnizaciones por despido más justas y mayor respeto al derecho de huelga.
Esta relación no es casual. Las sociedades que valoran el bienestar de sus trabajadores construyen economías más estables y productivas. La protección laboral no es un obstáculo para el crecimiento; es, históricamente, uno de sus pilares.
Los informáticos argentinos: doble precarización
Para los trabajadores y trabajadoras del sector IT en Argentina, esta reforma representa una doble precarización. Por un lado, perdemos derechos que teníamos bajo la Ley de Contrato de Trabajo. Por otro, seguimos sin contar con la protección de un convenio colectivo específico para el sector.
"Nos venden una 'modernización' que nos devuelve al siglo pasado. Una reforma que ignora la Inteligencia Artificial, el trabajo remoto y la desconexión digital no busca el progreso, sino la vulnerabilidad del informático. En AGC no vamos a permitir que el futuro de nuestra industria sea la precariedad de los modelos que el mundo desarrollado ya descartó."
— Ezequiel Tosco, Secretario General de AGC.
Mientras esta reforma nos aleja de los estándares de países desarrollados que muchos dicen admirar, los informáticos argentinos seguimos estando incluso por debajo de los trabajadores que sí están amparados por convenios colectivos en nuestro propio país.
En Europa, los trabajadores de tecnología están cubiertos por convenios sectoriales o mecanismos de cogestión. En Suecia, el 90% de los trabajadores tiene cobertura convencional. En Alemania, los comités de empresa garantizan voz en las decisiones. En Francia, la extensión legal de convenios alcanza al 98% de los trabajadores.
En Argentina, los informáticos carecemos de convenio colectivo obligatorio, de paritarias y las empresas IT se empeñan en perseguir a los trabajadores que saben la importancia vital de contar con una organización sindical fuerte que defienda nuestros derechos específicos. Esta reforma profundiza esa vulnerabilidad.
Por eso desde AGC (Asociación Gremial de Computación) seguimos peleando por:
- Un convenio colectivo para el sector IT que establezca pisos salariales, condiciones de trabajo específicas y protecciones adecuadas
- Paritarias anuales que permitan discutir salarios, condiciones y beneficios
- Una organización sindical aun más fuerte que represente efectivamente a todos los trabajadores del sector
- Estándares laborales que nos acerquen a los países desarrollados, no que nos alejen de ellos
La reforma laboral no nos moderniza. Nos precariza. Y para los informáticos, que ya partimos de una situación de desprotección, el retroceso es aún más grave.
La lucha por derechos laborales dignos no es del pasado. Es del presente y del futuro.
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