Inmersos en una jaula de datos
El gobierno anunció esta semana el "Gemelo Digital Social": inteligencia artificial para "anticipar y optimizar políticas públicas". Lo presentaron con un video sin personas reales, solo imágenes generadas por IA, y con faltas de ortografía a pantalla completa: "PREDICIR". Un gobierno que promete predecir el futuro y no pasa el corrector ortográfico está diciéndonos algo sobre cómo toma decisiones. Hay que prestarle atención.
El gemelo digital no es el problema. El concepto existe hace décadas en ingeniería. Se usa para simular redes eléctricas, acueductos, transporte, logística. Un gemelo digital de la red de agua potable puede detectar pérdidas antes de que ocurran. Uno del sistema de transporte puede mejorar frecuencias y reducir tiempos. Eso sería usar la tecnología a favor de los argentinos, y lo aliento.
El problema empieza cuando el "gemelo" que se construye no es el de la infraestructura sino el de las personas: sus patrones de comportamiento, historial de salud, consumo, movimientos, relaciones, antecedentes y condición socioeconómica. Ahí ya no hablamos de modernización del Estado. Hablamos de otra cosa.
Llama la atención que "Digital Twin" —gemelo digital— es precisamente el nombre de uno de los productos existentes de Palantir, comercializado bajo su plataforma Foundry. No es un concepto genérico que el gobierno adaptó: es el nombre de un producto de una empresa específica. Y el anuncio llegó semanas después de que Peter Thiel, cofundador de Palantir, se instalara en Buenos Aires, comprara una residencia de USD 12 millones y se reuniera con Milei, con el Ministro de Economía Luis Caputo y con el canciller Quirno en Casa Rosada. No es casualidad de agenda.
Palantir nació en 2003 con financiamiento semilla de In-Q-Tel, el fondo de capital de riesgo de la CIA. Sus contratos hablan por sí solos: USD 30 millones del ICE estadounidense para construir dossieres de migrantes a deportar; £330 millones del NHS británico para procesar datos clínicos de millones de pacientes, con tanta resistencia que el gobierno del Reino Unido hoy evalúa rescindir el contrato; contratos con la OTAN y con el ejército israelí. En Alemania, el Tribunal Constitucional Federal declaró en 2023 que el uso policial de su software era parcialmente inconstitucional. En New Orleans, Palantir operó en secreto durante seis años un sistema de policía predictiva que el propio Concejo Municipal desconocía.
El mes pasado publicaron un manifiesto donde afirman que "algunas culturas son disfuncionales y regresivas". Una diputada británica lo describió como "los desvaríos de un supervillano".
Pero esto no es una preocupación abstracta. El DNU 941/2025 obliga a RENAPER, Migraciones, ARCA, Aduana y más de quince organismos a abastecer datos a la SIDE —la misma SIDE que ese decreto habilita a aprehender personas sin orden judicial. Amnistía Internacional lo calificó de inconstitucional.
Y hace apenas tres semanas, la Corte Suprema falló en el caso Torres Abad que ceder datos personales entre organismos del Estado sin consentimiento del ciudadano es inconstitucional. El anuncio del Gemelo Digital lo ignora por completo.
El núcleo técnico del problema lo describió con precisión el ingeniero Ariel Garbarz: "Para el poder, una sociedad libre y dispersa tiene alta entropía. Palantir reduce esa entropía conectando DNI, CUIT, ANSES, salud, educación, migraciones, SUBE, cámaras y redes". Eso no es eficiencia. Es control.
No estoy en contra de que el Estado use tecnología. Exijo que la use bien, en serio y a favor de los argentinos. Pero eso requiere condiciones que hoy no existen:
- Transparencia algorítmica: el ciudadano tiene derecho a saber cuándo un algoritmo influye en una decisión que lo afecta.
- Auditoría externa: no puede ser el proveedor ni el gobierno quien certifique que el sistema no hace scoring social ni vigilancia política.
- Marco regulatorio previo: Argentina no tiene ley de soberanía de datos ni régimen de gobernanza algorítmica. Implementar esto sin ese andamiaje es una irresponsabilidad.
- Jurisdicción sobre los datos: Palantir está sujeta al CLOUD Act de EE.UU. Si un juez norteamericano lo pide, entrega los datos. Los datos del Estado argentino deben quedar bajo jurisdicción argentina.
El video con faltas de ortografía no es un detalle gracioso. Es el síntoma de un método: el anuncio sin sustancia, la imagen sin ingeniería jurídica detrás, la modernidad de fachada. En este país, con esta historia, con el DNU 941/2025 vigente y el fallo Torres Abad siendo ignorado, eso no puede pasar desapercibido.
En el Congreso ya se comienza a exigir transparencia, legalidad y garantías de protección de derechos. Es el primer paso institucional. No debería ser el último.
No pedimos que no haya gemelos digitales. Pedimos saber quién construye el gemelo de los argentinos, con qué datos, bajo qué ley y con qué garantías de que ese modelo no va a decidir quién merece derechos y quién no.
Eso no es tecnofobia. Es democracia.
Luis Papagni — Consultor en Transformación Pública Digital · Presidente del Consejo Asesor del LITAT. @luispapagni